- La neoyorquina Laurie Cooper se volvió viral con una propuesta sencilla: volver a sentarse en un café para conocer gente.
- “Salí, hacete notar, hablá”, dice la agente inmobiliaria devenida en gurú vincular.
- El cansancio del “swipe” y la tendencia que impulsa a dejar las apps de citas.
Cuando hablamos de aplicaciones de citas, la palabra “conectar” es -al menos- polémica: horas dedicadas a mirar perfiles y sostener conversaciones que muchas veces no llegan ni a un primer encuentro. Esto empieza a alejar de las apps a una buena porción de los interesados en conocer pareja.
Cansados del “swipe” -ese deslizamiento constante entre posibles candidatos-, las personas “reales” parecen cada vez más lejos. En este contexto, aparece como “nueva” tendencia algo que es tan antiguo como los humanos: el contacto cara a cara. Como ejemplo de este fenómeno, una agente inmobiliaria de Nueva York llama la atención en redes con una propuesta simple: si querés conocer gente, salí de tu casa.
Salí, hacete notar, hablá
El mensaje de Laurie Cooper es sencillo, pero claro: “salí, hacete notar, hablá”. Desde hace años trabaja en el sector inmobiliario en la Gran Manzana, y en el último tiempo se convirtió en una figura viral que habla sobre la vida social y las citas. ¿Qué ocurrió en el medio?

“Muestro departamentos todos los días, pero las cosas cambiaron cuando las mujeres empezaron a preguntarme qué hacer ahora que se habían mudado. Les conseguí un departamento estupendo; ya tenían un trabajo excelente. Pero eso era todo. No tenían vida social, no tenían un círculo de amigos. Por eso, acudían a mí en busca de respuestas”.
Así, empezó a publicar algunos videos en Instagram y TikTok con títulos como “siéntate en el bar en septiembre”, “solo di que sí, julio” o “todo puede pasar, abril”, con la consigna de cerrar las aplicaciones de citas e ir a los bares. Las visualizaciones comenzaron a aumentar y… Se recibió de influencer.
“Soy un icono, todo el mundo sabe quién soy”, reza su biografía en la red de las fotos. Y dice a Clarín: “Todos los temas son variaciones pegadizas de uno que tuvo éxito. Hice ‘febrero juguetón’ porque hacía frío afuera y uno quiere encontrar a alguien que lo mantenga caliente, o ‘marzo de hacer que suceda’ porque se acercaba la primavera y era hora de poner las cosas en marcha”.
“Mi mensaje es sencillo, pero la gente lo olvidó. Intento transmitir que la vida está hecha para ser vivida. No te la llevan al living de tu casa. Cada día cuenta, así que salí y vivilo”.
Ella asegura que salir siete días a la semana es su secreto para la “eterna juventud”: “Solo sos viejo cuando empezás a creer que lo sos. Sigo haciendo todo lo que hacía cuando era más joven, esa es la verdad. Simplemente, seguí haciendo lo que te gusta, seguí viviendo. Es así de sencillo”.
Volver a las fuentes
El agotamiento digital empieza a hacerse presente en distintos espacios, que proponen dejar el celular y hacer un “detox”. Las apps de citas no son la excepción. Y ahí los baby boomers y la generación X tienen una ventaja: son las últimas generaciones que aprendieron a vincularse sin intermediación tecnológica.
Conocieron gente e hicieron amigos antes de que existieran los celulares, las redes sociales y las aplicaciones de citas: hacer nuevas amistades o encontrar pareja dependía de los espacios compartidos y las habilidades personales (y no de un algoritmo). El desafío es desempolvar las herramientas vinculares que quedaron oxidadas con la irrupción de Tinder y sus “primos” de la web y poner en práctica la charla “en vivo”. Sin delays ni ghostings.
“La gente tiene que arriesgarse. Lo peor que te pueden decir es un ‘no’ por parte de un desconocido. Ellos se lo pierden. La mejor manera de superar el miedo es darte cuenta de que todos lo sienten. Las personas a tu lado se sienten igual que vos; solo están esperando que alguien rompa el hielo. Es reconfortante saber eso. Así que da ese primer paso. Puede dar miedo, pero vale la pena”, insta Cooper.
En ese marco, los eventos para conocer gente por fuera de las apps se multiplican, y Buenos Aires no es la excepción: hay cenas temáticas y encuentros organizados para distintos públicos con el objetivo expreso de conocer gente.
Hay bares que tienen a disposición el antiguo fonobar (en Buenos Aires, Jobs).
Algunos hacen juegos o dan tarjetas con consignas para cumplir durante la noche (como BelenCita Club de Encuentros), y hasta hay bares que tienen a disposición el antiguo fonobar (en Buenos Aires, Jobs). Como contó la periodista Sofía Zappia, otras propuestas también incluyen ciclos de speed dating (las citas rápidas que cambian de persona luego de algunos minutos) segmentados por rango etario (como Somos gancho, o Eventeando).
Cupido Social Club es un espacio nuevo: se hicieron cuatro ediciones en los últimos meses y está dirigido exclusivamente a mayores de cuarenta años. Se trata de encuentros de dos horas en lugares que se comunican a los asistentes poco antes de cada evento, con inscripción previa, entrada paga y cupos limitados.
Allí, los organizadores arman “mesas equitativas, con gente con buena onda y ganas de charlar, pasar un buen rato y conectar de forma real”, cuenta su impulsora, Lara Carolina Iazbik, quien menciona que la gran mayoría de las solicitudes son de mujeres (y asegura que hay lista de espera). “Muchos invitados me han comentado que las aplicaciones no les funcionan porque la interacción suele quedar atrapada en un chat y casi nunca avanza a la vida real”, resume.
Cansados del swipe… y más
Para Silvana Savoini, psicóloga y sexóloga clínica, y directora de la Especialización en Sexología y coordinadora de la Diplomatura de Estudios Avanzados en Sexología y Neurociencias de la Universidad de Rosario, el hastío de las apps forma parte de “un movimiento que rescata las formas ‘antiguas’ de vinculación con el mundo, no sólo con otras personas, sino con los objetos y con el tiempo”.
“En el caso de los encuentros humanos, es un retorno a los ritos sociales, vigentes en otras épocas. Bares que propician el contexto para conocer gente, dinámicas presenciales donde los juegos son un pretexto para acercarse, el recupero de la dimensión lúdica en la sociabilización… Estimo que seguirá siendo una tendencia en alza”, dice a Clarín.
“Entre las personas mayores de cincuenta, están quienes se han resistido estoicamente a incorporar las tecnologías, como quienes las han adoptado como inmigrantes digitales y hoy las ponen en cuestión, intentando volver a la ‘llamada’ antes que el texto, o al café antes que el chat”.
“El placer sexual tiene el mismo protagonismo en todas las etapas de la vida, vale decir, el que cada quien le haya otorgado en su biografía sexual”, dice Silvana Savoini. Foto ilustración Shutterstock.
Más que compañía
Detrás de esta búsqueda hay otro aspecto que obliga a revisar prejuicios, ya que todavía persiste la idea de que, después de cierta edad, la búsqueda de pareja responde solo a la necesidad de compañía. Sin embargo, distintos estudios señalan que el deseo y la intimidad son dimensiones centrales.
“El placer sexual tiene el mismo protagonismo en todas las etapas de la vida, vale decir, el que cada quien le haya otorgado en su biografía sexual. Lo que cambia en la edad adulta es que, por las modificaciones en la respuesta sexual, es probable que el deseo se experimente con menos urgencias y, sería deseable también, que sea con menos exigencias”, dice Savoini.
Para indagar sobre esto, una investigadora de la universidad de New Hampshire conversó con cien personas solteras (50 mujeres y 50 varones) de entre 60 y 83 años que utilizan plataformas de citas online. En sus conclusiones -plasmadas en The shop is not closed: sex and sexuality among older adult daters, el estudio publicado en febrero en The Journal of Sex Research– mencionó que los entrevistados buscan relaciones con intimidad física, no sólo vínculos románticos o de compañía.
“Estaban abiertos a tener relaciones menos frecuentes, a prácticas que no incluyeran penetración y a elegir posiciones según lo que su cuerpo les permitiera –explicó la autora y socióloga Lauren Harris a Clarín-. Seguían muy interesados en tener una vida sexual, pero eran muy abiertos respecto de cómo definirla. No eran exigentes con la forma, siempre que fuera placentera”.
La investigación es útil para graficar los cambios culturales y derribar los prejuicios edadistas: el deseo no desaparece, sino que se transforma. Es decir, a diferencia de ciertos estereotipos que presumen que “la tienda cierra” luego de cierta edad (como el juego de palabras que usa el título de dicho informe), la sexualidad no solo sigue presente, sino que ocupa un lugar central en la construcción de nuevos vínculos y desafía la idea de una vejez “asexual”.
Contra los prejuicios edadistas
Para Mariela Mociulsky, psicóloga, CEO y fundadora de la consultora Trendsity, hay una “biografía lineal” de cada persona que empieza a desdibujarse. “Mientras buena parte del siglo pasado imaginábamos la vida como una secuencia relativamente estable (estudiar, trabajar, formar una pareja, criar hijos y envejecer junto a la misma red de relaciones), hoy hay una transformación profunda que se hace cada vez más visible”.
Ilustra: “Personas que vuelven a enamorarse a los 65 o a los 80 años, otras que reconstruyen amistades después de la jubilación, encuentran nuevos espacios de pertenencia, empiezan una carrera, se mudan de ciudad o descubren actividades que nunca habían imaginado. En otras palabras, la longevidad no sólo agrega años a la vida. Agrega capítulos”.
“Estaban abiertos a tener relaciones menos frecuentes, a prácticas que no incluyeran penetración y a elegir posiciones según lo que su cuerpo les permitiera –explicó la autora y socióloga Lauren Harris a Clarín-. Seguían muy interesados en tener una vida sexual, pero eran muy abiertos respecto de cómo definirla. No eran exigentes con la forma, siempre que fuera placentera”.
La investigación es útil para graficar los cambios culturales y derribar los prejuicios edadistas: el deseo no desaparece, sino que se transforma. Es decir, a diferencia de ciertos estereotipos que presumen que “la tienda cierra” luego de cierta edad (como el juego de palabras que usa el título de dicho informe), la sexualidad no solo sigue presente, sino que ocupa un lugar central en la construcción de nuevos vínculos y desafía la idea de una vejez “asexual”.
Contra los prejuicios edadistas
Para Mariela Mociulsky, psicóloga, CEO y fundadora de la consultora Trendsity, hay una “biografía lineal” de cada persona que empieza a desdibujarse. “Mientras buena parte del siglo pasado imaginábamos la vida como una secuencia relativamente estable (estudiar, trabajar, formar una pareja, criar hijos y envejecer junto a la misma red de relaciones), hoy hay una transformación profunda que se hace cada vez más visible”.
Ilustra: “Personas que vuelven a enamorarse a los 65 o a los 80 años, otras que reconstruyen amistades después de la jubilación, encuentran nuevos espacios de pertenencia, empiezan una carrera, se mudan de ciudad o descubren actividades que nunca habían imaginado. En otras palabras, la longevidad no sólo agrega años a la vida. Agrega capítulos”.
Ese cambio obliga a revisar algunos de los relatos más arraigados sobre la vejez. Para Milagros Abud, psicóloga y autora -junto con Alicia Rozenblum- del libro La Nueva Longevidad (Vergara), cuando esos prejuicios están tan presentes en el afuera, “nos hacemos eco y terminamos incorporando ese sesgo nosotros mismos, en ideas como que ‘ya se nos pasó el tren’ para determinadas cuestiones”.
Y agrega: “Hay que actualizar la narrativa que tenemos sobre la vejez para habilitarnos la conexión con nuestros deseos, con nuestros proyectos y con nuestras ganas de seguir construyendo una vida significativa. La vida -de cara a la nueva longevidad– se ha extendido muchísimo y tenemos que preguntarnos cómo queremos seguir viviendo, con quién queremos compartir nuestra vida y de qué manera”.
Repensar este tramo de la vida no se trata sólo del deseo de buscar pareja, ampliar la red social o encontrar espacios de compañía, sino de reconocer que los proyectos pueden seguir vigentes durante toda la vida. Como resume Mociulsky, el desafío pasa por animarse a “agregar vida a los años”.